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lunes, 23 de octubre de 2023

Alemania: Homenaje a Grau en el Museo Marítimo Internacional de Hamburgo


Por vez primera se mostró el busto representativo del almirante Miguel María Grau Seminario. Dicho magno evento se realizó en el Museo Marítimo Internacional de Hamburgo; y se contó con la presencia del embajador de Perú en Alemania, Augusto Arzubiaga Sheuch. Así como el director del museo Peter Tamm.


Lo llamativo de este homenaje no solo fue el busto de Grau y la maqueta del Huáscar, sino la muestra a escala del submarino Toro, el cual no se llegó a utilizar en plena Guerra del Pacífico (1879); por lo que se tomó la decisión de hundirlo para que no llegue a manos enemigas.


En dicha ceremonia que nos llena de orgullo, participaron el vicealmirante de la Marina Alemana, Jan Christian Kaack; además autoridades como embajadores, cónsules y agregados militares alemanes.


Este evento que significa tanto para los peruanos, al saber que en un país tan lejano, se sepa de nuestra historia. Y que le hayan hecho un reconocimiento a Miguel Grau, nuestro célebre 'Caballero de los mares'.


Esgrimista





domingo, 8 de octubre de 2023

Poseidón en el mar de Grau (cuento)


 

La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan solo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo deberían brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.



Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan solo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.



-¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.



Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro.



-¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!....¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.



En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos, y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Solo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar.



-¡¡¡Preparen los cañones!!!.....¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.



Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eructó los gases intestinales, y de entre esos eructos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:



-¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!....¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.



Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.


Esgrimista

jueves, 8 de octubre de 2020

Poseidón en el mar de Grau (cuento)


 Miguel María Grau Seminario: "El caballero de los mares"


La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan solo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo deberían brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.


Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan solo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.


-¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.


Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro.


-¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!....¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.


En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos, y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Solo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar.


-¡¡¡Preparen los cañones!!!.....¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.


Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eructó los gases intestinales, y de entre esos eructos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:


-¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!....¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.


Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.


Juan Mujica / Fictocronías (2010)


domingo, 8 de octubre de 2017

ZMM: Poseidón en el mar de Grau (cuento)

La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan solo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo deberían brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.

Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan solo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.


-¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.

Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro.

-¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!....¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.

En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos, y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Solo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar.

-¡¡¡Preparen los cañones!!!.....¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.

Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eructó los gases intestinales, y de entre esos eructos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:

-¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!....¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.

Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.

Juan Mujica / Fictocronías (2010)


sábado, 8 de octubre de 2016

Poseidón en el mar de Grau

La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan sólo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo debería brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.
Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan sólo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.
-¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.
Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro.
-¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!....¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.
En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Sólo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar.
-¡¡¡Preparen los cañones!!!.....¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.
Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eruptó los gases intestinales, y de entre esos eruptos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:
-¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!....¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.
Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.

Autor: Juan Mujica

Obra: Fictocronías (cuentos - 2010)



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Poseidón en el mar de Grau

Juan Mujica 
Libro de cuentos: "Fictocronías"

La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan sólo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo deberían brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.

      Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan sólo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.

      -¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.

      Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro. 

  -¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!....¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.

      En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Sólo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar. 

      -¡¡¡Preparen los cañones!!!.....¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.

      Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eruptó los gases intestinales, y de entre esos eruptos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:

      -¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!....¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.

      Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.

martes, 12 de octubre de 2010

Grau, Cavero y Vargas Llosa: Semana de homenajes

J.M.

Esta semana que pasó ha sido para los peruanos llena de homenajes. Dos de ellos póstumos, pero uno en vida. Lo importante es que han recibido el debido reconocimiento. Como sabemos el 7 de octubre recibió el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, que nos ha llenado de alegría y satisfacciones. Sobre todo a sus familiares, contemporáneos, amigos, admiradores y peruanos en general. Luego el 8 se rindió homenaje al “Combate de Angamos” y propiamente dicho a nuestro héroe nacional Miguel Grau Seminario, quien con mucho valor y firmeza se enfrentó a las escuadras chilenas.  Por lo que la Marina de Guerra del Perú le hizo un merecido homenaje en la Plaza Grau del Callao. Por último, no podía faltar el homenaje al representante de nuestra música criolla, a un año de su fallecimiento: Arturo “Zambo” Cavero, quien nos deleitó con su espléndida voz y gran ritmo con canciones como “Cariño bonito” y “Mis cenizas”.

Nombrándolos en orden cronológico, qué orgullosos debemos estar los peruanos de tener un héroe nacional como Miguel Grau, a quien de repente no le hacíamos mucho tributo en el tiempo de colegio. A pesar de los esfuerzos de nuestros maestros por inculcarnos un orgullo cívico por él, recuerdo que quizá para muchos en aquellos tiempos no era más que una foto más en nuestros libros escolares de Historia del Perú. Sin embargo, ahora que muchos hemos crecido y madurado, no dudo que ahora sí valoramos su heroísmo. Qué no daría por volver en el tiempo a mis antiguas aulas y contemplar entusiasmado las exposiciones de mis profesores narrándonos los detalles del Combate de Angamos, por ende cada 8 de octubre el Perú cesa sus actividades para darle un reconocimiento al siempre recordado “Caballero de los mares”.

Por otro lado, también se le rinde homenaje estando a un año de su partida al grandioso y espectacular Arturo “Zambo” Cavero, quien nos dejo el legado musical más estupendo que se puede apreciar dentro del mundo de la música criolla. Además es loable el apoyo que tuvo de nuestro presidente Alan García que además de compartir momentos con el “Zambo”, cantando a su lado en numerosas oportunidades, también estuvo presente en las postrimerías de su existencia. Y no cabe duda que nuestro mandatario quedara conmovido por su triste fallecimiento el 9 de octubre del 2009. Ha sido una gran pérdida para los artistas criollos y en general para todos sus admiradores, quienes tan sólo se reaniman oyendo y volviendo a oír sus sensacionales canciones, muchas de ellas en compañía de sus entrañables amigos que aún nos acompañan.

Y cómo no detallar lo emocionante que ha sido despertar el 7 de octubre, con la noticia de la premiación de nuestro compatriota Mario Vargas Llosa, quien ganara el Nobel de Literatura 2010. Todo un orgullo para los peruanos, en especial para sus familiares, para el departamento de Arequipa, para los escritores contemporáneos a él, para sus amigos más cercanos, para sus admiradores en el Perú y el mundo. Para todos ha sido realmente una gran satisfacción dicha premiación, que ha reanimado la esperanza en los objetivos de un país que se abre paso hacia sus metas, y él personalmente aquel día ha manifestado y lo sigue haciendo, su entera satisfacción por el logro conseguido y no ha dejado de recibir las felicitaciones de todas las personas que lo admiramos.

Por último, no me queda más que agradecer a Dios, por darnos la satisfacción de contar en el pueblo peruano con personas que tienen la total entereza, el heroísmo, el talento, la inspiración y en general las virtudes necesarias para dejar en alto el nombre del Perú. Y por supuesto que gracias a los personajes ya mencionados y los demás que van siendo reconocidos con el tiempo, se enaltece nuestra imagen ante la pasarela internacional. Así que me quito el sombrero en honor a estos tres personajes peruanos, y le pido a Dios que los bendiga, y a los que descansan en su gloria que se sientan orgullosos de haber nacido en una tierra donde tanta sangre se ha derramado y que tanto le ha costado y le sigue costando alcanzar sus objetivos y anhelos de desarrollo como potencia mundial. ¡Viva el Perú!