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lunes, 5 de abril de 2021

El otro 90% (cuento)

 


Durante mucho tiempo se ha conciliado la idea que el ser humano; más específicamente el homo sapiens sapiens tiene un techo, es decir, que su capacidad craneana solo utiliza un 10%. Entonces la pregunta que cae de madura sería “¿Qué pasa con el otro 90%?

-¿Usted qué opina colega… cuál sería la razón que anquilosa el desarrollo del coeficiente de nuestra civilización? -pregunta un científico a otro científico, mientras le da la espalda por unos segundos y observa el firmamento por un ventanal-. Luego de tanto tiempo, y que encima nuestra edad se ha quedado “clavada” como edad contemporánea.

-Pues la verdad que es un enigma tan grande como la dimensión del universo -contesta el otro científico, acomodándose sus anteojos y limpiándolos con un pañuelo blanco-. Sí que es una pregunta grande, e incluso podría deducir que en este mismo momento “las grandes mentes del planeta” están tratando de encontrar los eslabones que conecten con el soñado porcentaje, es decir, con el 100% de la capacidad cerebral.

         Mientras tanto, en otro lugar algo lejano, dos borrachitos se cuestionan sobre las respuestas y los enigmas, a través del fondo de las botellas.

-Oe, compare. Ta que no seas terco -le dice uno al otro, y los dos totalmente ebrios-. Te digo que la luna es un gran trozo de queso.

-¿A quién quieres engañar compare…? ¿Crees que soy ignorante? Es como decir que tú eres más inteligente que Instein -le respondió al otro borracho, mientras se terminaba lo que quedaba en su vaso de vino.

         Al parecer, aquel lema que dice “en un mundo de ciegos, el tuerto es rey”; estos dos últimos personajes no tienen ni la menor idea “actualizada” sobre los últimos avances de la ciencia. No obstante, incluso los dos primeros científicos están lejos de alcanzar el máximo porcentaje de la capacidad craneana. Sin embargo, no podríamos descartar que hay “entes” entre nosotros que tengan un mayor coeficiente. Humanoides que están ocultos, y que ayudan a prosperar a los Homo sapiens sapiens. Y mientras Hollywood nos recrea la idea de cómo sería tal adelanto, que implicaría: la telepatía, telekinesis, teletransportación, viajar por el tiempo, e incluso mayores poderes cerebrales. Todo eso podría suceder, pero habría que esperar. Sin embargo, por el momento, aquellos dos científicos: de lunes a viernes hablan como dos académicos de su materia, pero los sábados y domingos, se transforman y parlan como dos trogloditas, tratando de encontrar las respuestas al fondo de las botellas.

-Salud colega, ta que el firmamento está bien chévere.

-Tú lo has dicho compare. Mira esas estrellas… se parecen a los vericuetos del cerebro humano. Tanto que descubrir y tan poco trago, jaja.

         Este último diálogo, es la prueba que al final todos nos entendemos, ya que procedemos del mismo “árbol” o de la misma “universidad de la vida”.

 

 Esgrimista

lunes, 18 de octubre de 2010

El Queirolo, las letras y M


Cierto día M pasó por la casa de S y vio que sería bueno visitarlo, sin embargo, los señores S, quienes habían venido del extranjero, le dijeron a M que por favor volviera otro día. “Qué piña que soy” expresó M, pero mientras cruzaba por el Jr. Quilca se encontró con R, después de mucho tiempo. Ambos se alegraron por tal casualidad. Así que entraron al Queirolo y brindaron por el repentino y sorpresivo encuentro.

Entonces, estando M y R ya empilados, sonó el celular de R, y éste contestó. Se trataba de P, W, A, Q y L, quienes estaban en el boulevard de los libros, y R les pasó el dato que se encontraba con M. Así que R dijo “Motivaso”. Por lo que aquella gente mencionada “acudió a todo galope” hacia dicho bar. Al abrirse la puerta,M supo que esto sería hasta las últimas consecuencias. Los saludos fueron afectuosos y sin perder más tiempo, W y L pidieron tres cajas de cerveza.

El encuentro se convirtió en chupística y desfilaron por la pasarela del recuerdo y el verbo turronero las más jacarandosas anécdotas de aquellos días en la universidad. Muchos de estos amigos incluso les brotó las lágrimas y levantando sus vasos de chop dijeron “salud”, “salud”, ¡hip! Pronto cayó la noche y como suele suceder, la conversación se volvió tensa. L, Q y P estaban discutiendo con M. Tres contra uno, sin embargo, M no se amedrentaba, ya que confiaba en sus argumentos fidedignos.

No obstante, muy molesto M decidió largarse de aquella reunión y con el permiso de R, huyó de allí con rumbo desconocido. Sin embargo, los demás personajes continuaron bebiendo sus chops, acordándose de más anécdotas y riéndose de todo. Supo entonces R, porqué M se había retirado. Por lo visto más de uno estaba hablando demás. Por lo que R no soportó más y luego de salir del baño hizo la finta que iba a tomar un poco de aire y se las picó.

Una vez afuera, el Jirón Quilca lucía solitario, con tan sólo algunos transeúntes caminando de ida o de vuelta. Se dirigió a la Av. Tacna y ante sus ojos vio a M tirado en la pista. Admirado y conmovido, creyó que lo habían atropellado o asaltado. Trató de hacerlo reaccionar, pero al parecer no despertaba. R se preocupó y desesperó al ver a su amigo privado. Hasta que de repente abrió los ojos, y M dijo…”Entre tantas letras tenía que tocarme a mí”, “soy M y a la M me voy”, jaja. R y M sonrieron y se pusieron de pie. Al día siguiente leerían en los diarios “Queirolo bar de las letras se fue a la M”.