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jueves, 2 de septiembre de 2021

Recuerdo del Día de la Madre: Una Rosa del vergel (poema)


 

Tan solo un día quisiera,

que aquella flor ahora marchita,

reviviera de entre las hojas secas,

y deslumbrara el ambiente

como en sus mejores años.

 

Quiso el Señor que lo acompañes,

en el sueño eterno celestial,

tu deseo era seguir con los tuyos,

pero el recuerdo de tus ojos,

perdurará ahora y siempre.

 

En el Día de la Madre,

elevo una oración al cielo,

deseando que todas las madres

gocen de larga vida.

 

Y la Rosa que se despidió,

entre llanto y llanto,

interceda por nosotros,

para que nunca jamás,

se nos olvide la dicha

de tener la nuestra, y si no,

tampoco olvidarla.


Esgrimista


 

lunes, 30 de agosto de 2021

30 de agosto: Santa Rosa de Lima a 404 años de su partida y primera santa de América


Han pasado más de 400 años de su deceso, y nuestra Santa Rosita de Lima, sigue siendo recordada con mucha devoción. Su nombre original fue Isabel Flores de Oliva. Y se le acuñó ser santa de América, de la Policía Nacional del Perú, de las enfermeras, y de otras entidades.

 

Su padre fue Gaspar Flores, quien se desempeñaba como arcabucero de los Baños de Montemayor, municipio de Cáceres (España). Contrajo nupcias con la limeña María de Oliva y Herrera.

 

Cabe resaltar que, según sus biógrafos, vino al mundo el 30 de abril de 1586. Además, afirman algunos cronistas que ella nació en Panamá, pero luego esa afirmación fue refutada por el Vaticano y atribuyéndole haber nacido en Lima.

 

Cuando tenía doce años se trasladó con su familia a Quives. Y fue allí donde recibe el sacramento de la confirmación, por parte de Toribio de Mogrovejo. Contrajo un reuma que ocultó a su madre, y también empezó desde allí a auto-flagelarse e incluso sabiendo que su cabellera la hacía más atractiva, se la redujo de tamaño.

 

Fue a partir de allí que la llamaron Rosa, sin embargo, ella mostró su descontento por dicho nombre que no era el suyo. No obstante, cuando ya tenía 25 años fue a hablar con un sacerdote de la iglesia de Santo Domingo, y ante esta protesta, aquel presbítero le respondió: “¿Pues hija, no es vuestra alma como una rosa en que se recrea Jesucristo?".

 

A partir de allí quedó tranquila, e incluso pidió que la llamasen “Rosa de Santa María”. Y fue así que una vez pasado aquel incidente con su nombre, prosiguió su juventud trabajando casi todo el día en el huerto y tejiendo para diferentes familias. Todo ello lo hacía para ayudar a su familia, puesto que tenían problemas económicos.

 

Llegada a cierta edad, sus padres tenían el anhelo de verla vestida de novia y próxima a contraer nupcias, pero ella no quería tal desenlace. Y fue así que al cabo de unos años ingresó a la Tercera orden de Santo Domingo.

 

A partir de allí se aisló de su mundo, quedando enclaustrada en una ermita que ella edificó con la ayuda de su hermano Hernando, y solo salía para asistir a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Del mismo modo, atendía a algunos enfermos, y ella los curaba.

 

Es así que nuestra santa limeña vivirá en nuestra memoria, y cumpliéndose 404 años de su muerte; pasará el tiempo y su recuerdo persiste. Y cada 30 de agosto la gente acudía a su “pozo de los deseos”; sin embargo, por el tema de la pandemia hoy sus fieles solo tendrán la oportunidad de hacer sus peticiones por correo electrónico. Prometiendo que imprimirán aquellos deseos y los introducirán en dicho célebre pozo.

 

Y pasarán los años y los milenios, pero Santa Rosa quedará guardada en nuestros corazones. ¡Viva la primera santa de América!


Esgrimista

 

domingo, 30 de agosto de 2015

Santa Rosa de Lima a 398 años de su deceso y primera santa de América

A casi 4 centurias de su desaparición, sigue siendo una santa muy recordada. Su nombre verdadero fue Isabel Flores de Oliva. Y se le atribuye ser santa de América, de las Filipinas, de la Policía Nacional del Perú, y de otras entidades también.

Su padre fue Gaspar Flores, quien se desempeñaba como arcabucero de los Baños de Montemayor, municipio de Cáceres (España). Contrajo nupcias con la limeña María de Oliva y Herrera.

Cabe resaltar que según sus biógrafos, vino al mundo el 30 de abril de 1586. Además afirman algunos cronistas que ella nació en Panamá, pero luego esa afirmación fue refutada por el Vaticano y atribuyéndole haber nacido en Lima.

Cuando tenía doce años se trasladó con su familia a Quives. Y fue allí donde recibe el sacramento de la confirmación, por parte de Toribio de Mogrovejo. Contrajo un reuma que ocultó a su madre, y también empezó desde allí a autoflagelarse e incluso sabiendo que su cabellera la hacía más atractiva, se lo cortó más chico.

Fue a partir de allí que la llamaron Rosa, sin embargo, ella mostró su descontento por dicho nombre que no era el suyo. No obstante, cuando ya tenía 25 años fue a hablar con un sacerdote de la iglesia de Santo Domingo, y ante esta protesta, aquel presbítero le respondió: “¿Pues hija, no es vuestra alma como una rosa en que se recrea Jesucristo?".

A partir de allí quedó tranquila, e incluso pidió que la llamasen “Rosa de Santa María”. Y fue así que una vez pasado aquel incidente con su nombre, prosiguió su juventud trabajando casi todo el día en el huerto y tejiendo para diferentes familias. Todo ello lo hacía para ayudar a su familia, puesto que tenían problemas económicos.

Llegada a cierta edad, sus padres tenían el anhelo de verla vestida de novia y próxima a contraer nupcias, pero ella no quería tal desenlace. Y fue así que al cabo de unos años ingresó a la Tercera orden de Santo Domingo.

A partir de allí se aisló de su mundo, quedando enclaustrada en una ermita que ella edificó con la ayuda de su hermano Hernando, y solo salía para asistir a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Del mismo modo, atendía a algunos enfermos que solicitaban atención, y ella los atendía y los curaba.


Es así que nuestra santa limeña vivirá en nuestro recuerdo, y a pocos años de cumplirse 400 años de su muerte, pasará el tiempo y su recuerdo persiste. Y cada 30 de agosto seguirá yendo gente a su hogar y a depositar su petición en aquel “pozo de los deseos”. Y pasarán los años y los milenios, pero Santa Rosa quedará guardada en nuestros corazones. ¡Viva la primera santa de América!

Juan Mujica