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Cuentos del parnaso

lunes, 16 de junio de 2014

Infarto

Juan Mujica

Un desfile de jadeos premonizan el final
de la función, y el impulsor circulante desacelera
cual viento en primavera.

Tan sólo unos segundos tiene
el tramitador del más allá,
para evocar un hálito de piedad,
que sensibilice al pastor etéreo,
cuyo vergel ortodoxo disipe
las lágrimas de sangre que fluyen,
del ahora prisionero de Morfeo,
sin embargo, las cadenas primitivas
anuncian el deceso del personaje
y tras latidos consecutivos en declive,
no queda más que un cuerpo inerte
despojado de todo brillo de luz,
mientras el karma transita a otros lares
y la tierra devora los restos
cual carroñero en el desierto
del infortunio.



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