viernes, 24 de marzo de 2017

Machu Picchu (cuento)

Hace mucho, pero mucho, pero mucho tiempo. En los andes peruanos existía una población, cuya cultura estaba basada en la siembra y recolección agrícola. Además, aquella civilización se hacía llamar Los Incas. Ellos estaban ahí desde que se tiene memoria. Sin embargo, lo que hasta nuestros días no se entiende, es que no valoraban los objetos hechos de oro. A pesar que aquel metal precioso era muy abundante, solo lo usaban como adorno. Y durante el mandato de sus 14 incas, su pueblo, era muy obediente a sus órdenes.
         -¡Oh señor Sol! ¡Apu kontiki Wiracocha! –le pedía el Inca gobernante, a su deidad-. Haz que llueva para que crezcan nuestros cultivos.
         Y tanto era el deseo de los Incas, que como cosa de magia, a pocos días se iniciaba una gran lluvia. Por lo que aquel gobernante agradecía, dotando a la madre tierra de su mejor chicha, y de su mejor festín.
         No obstante, cuentan las tradiciones orales, que en aquellos tiempos, tanta fue su admiración por su dios Sol, que edificaron un gran legado. Una construcción de tamaño gigantesco. La llamaban “Machu Picchu”, que en castellano significa “Montaña Vieja”. Dicha obra, que hasta nuestros días podemos apreciar, se localiza en la ciudad del Cusco.
         En los tiempos de los antiguos gobernantes, se construyó aquel agradecimiento al dios Sol, pero todavía hasta la actualidad, los investigadores y entendidos en arqueología, no están del todo convencidos sobre su antigüedad, es decir, en qué años de la historia de nuestro planeta Tierra fue creado.
         Mucha gente, le sigue la corriente a las habladurías de los abuelos, de los abuelos, de los abuelos. Pero, ni aún así, ni ellos mismos tienen la certeza sobre su antigüedad, o por las causas de su construcción. Hasta que un pionero, llamado Hiram Bingham, supuestamente fue el “descubridor”, de aquella montaña incaica. Son muchas las teorías, sobre su aparición inicial, pero son mucho más, quienes se resisten a que fue una labor dirigida por gente de otros mundos. Son muchos más los compatriotas y extranjeros, quienes se niegan a creer que los autores hayan sido extraterrestres.
         -Oh, señor Sol –decía el Inca Pachacutec en el siglo XIV-. Haz que nos vaya bien en las conquistas de otros pueblos cercanos.
         Y dicho y hecho, en aquellos tiempos, ya sea gracias al dios Apu Kontiki Wiracocha, o a la suerte. Se le reconoce a este Inca el mayor dominio territorial, el cual abarcó mucha expansión geográfica. ¿Que cómo lo logró?...eso ya es parte de otro cuento.


Juan Mujica


jueves, 23 de marzo de 2017

CUENTOS DEL PARNASO: Coloquio sobre "Silvio en el Rosedal" (VIDEO)

Gracias al auspicio de la Librería "Bibliómanos" y la Revista Cultural y de Creación Literaria "Zien mil mitos". Llega a ustedes el flamante mini-programa llamado "Cuentos del parnaso". Que como dice su nombre tratará sobre la tertulia y el comentario sobre diversos cuentos, de múltiples autores. Dichos comentarios estarán a cargo de los escritores y periodistas, Percy Taira y Juan Mujica.

Les damos las gracias de antemano por sintonizar y volverse seguidores de este nuevo espacio dedicado al análisis de los cuentos. A continuación les dejo el vídeo sobre un cuento célebre del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro. Se trata de "Silvio en el Rosedal". ¡Que lo disfruten!

miércoles, 22 de marzo de 2017

La leyenda del lago Titicaca

Dicen las tradiciones orales que el lago Titicaca que hoy en día conocemos, no habría estado tan tranquilo de no ser de unos seres que a continuación les voy a contar:
         En dicho lago habitaban unos seres anfibios, quienes no permitían que la gente lugareña beba, recoja y menos sumergirse en sus aguas. Esas criaturas desde tiempos inmemorables causaban terror y se creían los dueños de nuestro lago Titicaca. Hasta que un buen día, cansados los habitantes que vivían cerca de allí, que les imploraron a sus dioses locales para que intervengan y que expulsen a aquellos demonios. Y tanto fue el ruego, y tanto fue la súplica que aquellos dioses bajaron del firmamento, y se posaron a la altura del nivel de dicho lago, pero sin mojarse.
         -Hemos escuchado vuestras plegarias –exclamaba uno de aquellos dioses-. Estamos enterados del problema diario que sufren a causa de aquellos monstruos marinos.
         -Así es. Somos conocedores de su situación. De tal modo que procederemos a expulsar a aquellas bestias de la faz del antiplano.
         Los pobladores al oír las palabras de aquellas deidades, sintieron un gran alivio. Y estaban expectantes de lo que ocurriera en aquellos momentos.
         -Somos los “Uros”. Estamos aquí desde que esta tierra y este lago aún no existían. Estamos al tanto de todos los problemas y enfrentamientos de este planeta. ¿Dónde y cuándo se aparecen aquellos monstruos?
         -Señores Uros, según sabemos, aquellas criaturas aparecen a veces por las mañanas, pero a veces también nos sorprenden por las noches. De tal modo que vivimos en la angustia de no saber cuándo acercarnos a este lago.
         -Ya veo. Así que no tienen hora de aparición. Muy bien, entonces, escuchen: Nosotros permaneceremos ocultos entre las nubes. Mientras tanto, ustedes estén pendientes sobre la aparición de esos monstruos. Y cuando vean que están visibles, soplen sus cuernos y nosotros bajaremos a hacer justicia.
         Dicho y hecho. Los Uros se escondieron entre unas nubes, y mientras tanto, los pueblerinos estuvieron cerca, muy cerca a aquel lago. Fue entonces, cuando aquellas criaturas sintiendo que invadían “su lago”, hicieron acto de presencia. Y confiados de su temeraria fisionomía y peligrosidad. Sin más miramientos, salieron de las aguas y se disponían a atacar a las personas que estaban cerca. Entonces, conforme a lo acordado, los pueblerinos soplaron como nunca sus cuernos. Y como arte de magia, descendieron al nivel de las aguas una vez más los Uros. Dicho encuentro sorprendió a aquella gente, pero tanto aquellos monstruos como los Uros, estaban tranquilos. Confiando cada cual en sus poderes y fortalezas.
         -Ustedes deben ser las criaturas que espantan y prohíben a esta gente, para que hagan uso de estas aguas.
         -Jajaja, así es. Ya que este es nuestro lago, por tanto, nadie más puede beber, bañarse ni nada parecido.
         -En seguida proseguiremos a borrar esas sonrisas de sus espantosas caras para siempre.
         -Jajaja, ¿de veras? ¿Y cómo lo harán?
         -Nomás abran bien sus ojos.
         Y ante la presencia de los habitantes de aquella parte del antiplano, como de aquellas criaturas, los Uros se convirtieron en gigantes marinos, y sin más comentarios, procedieron a devorar a esos monstruos, ante la vista y paciencia de aquella gente. Una vez que terminaron con el último bocado, volvieron a su tamaño inicial y les aseguraron a aquellos pueblerinos que nunca más serían molestados por aquellas bestias, ni nada por el estilo. Y aquellos pueblerinos estuvieron tan agradecidos, que desde ese día llamaron a la isla de totoras que flota en las aguas del lago Titicaca, con el nombre de “Los Uros”. Y dicha isla, a pesar que el tiempo ha pasado, continúa siendo un lugar turístico, donde llegan muchas personas de muchos lugares, y se siguen admirando, al ver a una isla de totoras que supervive y flota en medio del archiconocido lago Titicaca. Nuestro patrimonio peruano.


Juan Mujica













martes, 21 de marzo de 2017

La poesía

Milenario arte de antaño,
con gotas de filosofía se hace,
ya verán que después de un año,
un parnaso increíble nace.

¿Quién puede superarte?
le pregunto al mundo entero,
es de sabios valorarte,
pues comprenden tu sendero.

Por miles de años hiciste,
sonreír y hacer llorar,
ya que para eso fuiste,
creado, para reflexionar.

Eres fotografía del sentimiento,
vanagloriado siempre será,
tu autor que con talento,
corazones duros ablandará.

En tu legión hay mil soldados,
cuya arma es la inspiración,
ellos crean ahí sentados,
esperanza de vida como canción.

Si tu pasatiempo es escribir,
ya sea en verso o en prosa,
no tardarás en percibir,

el placer que tu alma goza.


Juan Mujica

lunes, 20 de marzo de 2017

Ricardo Palma

            
De entre nuestros héroes peruanos destaca un personaje, sin cuya acción no tendríamos la biblioteca que tenemos. Se trata de Ricardo Palma, quien fue llamado “El bibliotecario mendigo”. Ya que si nos trasladamos mágicamente al año 1879, podríamos estar presentes en plena guerra con el país sureño de Chile. En aquel tiempo, el autor de la famosa obra “Tradiciones Peruanas”, al ver que los chilenos destruyeron y robaron muchos de nuestros libros. Palma tomó la decisión de recolectar muchos de los libros que hasta ahora subsisten en las dos bibliotecas de nuestra capital.
         -¿Cómo se llamaba aquel personaje que fue llamado “El bibliotecario mendigo”? –preguntaba un estudiante a su compañero.
         -¿Qué ya te olvidaste? Fue Ricardo Palma. Todo un héroe, quien juntó y juntó muchos libros, de por acá y por allá. Hasta que llegado un momento vio que había hecho su mejor esfuerzo. Sin embargo, se tuvo que construir un nuevo local en el distrito de San Borja, ya que en el local del Centro de Lima, ya no hay espacio para tanta cantidad de libros.
         -Ok, ya estoy recordando. Y también recuerdo aquel enfrentamiento con los chilenos. Cómo me gustaría estar en ese lugar, en aquella época –replicó su compañero.
         -Pues entonces agárrate que mágicamente vamos a viajar en el tiempo hasta el año 1879 –dijo el otro compañero.
         Y ante la incredulidad de su amigo, luego de un parpadeo, ya estaban en el Perú del año 1879. Viendo cómo se desarrollaba la guerra entre Perú y Chile. Pero además, fueron testigos de cómo aquellos enemigos del sur, destruyeron, quemaron y robaron muchos libros que teníamos.
         -¿Estás viendo cómo sucedió todo?
         -Sí, ya veo. Fueron tiempos de violencia y ambición por tener más territorio. Creo que todas las guerras tienen esa característica.
         -Así es niños. Fueron tiempos de saqueo y lucha por el poder y la gloria –decía una voz detrás de ellos.
         Y al voltear, no podían creerlo. Se trataba del mismísimo Ricardo Palma, cuyo fantasma se les apareció y les dio una palmadita en el hombro.
         -¿Usted es “El bibliotecario mendigo”?
         -Así es. Hace mucho tiempo me llamaron así, pero en la época en que ustedes son estudiantes, también lo recuerdan.
         -Cierto, justo estábamos estudiando sobre Ud. y su gran legado a nuestros compatriotas.
         -Bueno pues, fue un gusto conversar con ustedes niños. Espero que este encuentro haya servido para que valoren los libros, y que nunca, nunca dejen el hábito de la lectura –pronunció el fantasma de Ricardo Palma, acomodando sus clásicos lentes.
         -Ok, gracias don Ricardo, fue un gusto haberlo conocido –ultimó uno de los niños, mientras miraba de reojo al otro.
         Fue entonces que aquellos estudiantes, quienes se habían quedado dormidos en un jardín, despertaron, y todavía no salían de su asombro:
         -¡Conocimos al “Bibliotecario Mendigo”!
-Qué honor, qué orgullo. ¡Vamos a la biblioteca!


Juan Mujica




         

viernes, 17 de marzo de 2017

Los demonios rojos

Los demonios rojos se han soltado,
su prisión ya está abierta,
fue verdad lo que han contado,
una historia muy cierta.

Las cadenas destrozaron,
librándose del arresto,
y en manada arrazaron,
un sendero funesto.

Ya libres en la oscuridad,
desatan su fiero instinto,
celebran la malignidad,
su ley, con vino tinto.

Son como bestias galopando,
cruzando los arrabales,
siguen su camino escapando,
gritando como son tales.

Ya ocultándose la luna,
es hora de volver al averno,
el cual fue su cuna,
y ahora entran en terno.



Juan Mujica

jueves, 16 de marzo de 2017

La mente

Vergel de florecimientos,
Y océano continental,
Te brotan los pensamientos,
Cual geiser occidental.

No guardo reserva,
Mi verso remito,
Saludo a Minerva,
Aunque sea un mito.

Laberinto pintoresco,
De fama internacional,
Siempre gigantesco,
Tú eres sensacional.

La infancia recuerdas,
En gran imaginación,
Cual violín de cuerdas,
Suspirando una canción.

Túnel de ilusiones,
Panal de rica miel,
Tienes mil versiones,
Pero un sueño infiel.

Ofrezco unas palabras,
Humildes en su riqueza,
Las mismas que tú labras,
Puliendo la crudeza.

Memorioso tu talento,
Almacenas al detalle,
Doy gracias contento,
Por tu fino entalle.

Emerge una idea,
Cambiando la historia,
Y luego sortea,
Su gran dedicatoria.

Nunca me abandones,
Por la ruta oscura,
Espero me perdones,
Si muero en locura.


 Juan Mujica

miércoles, 15 de marzo de 2017

Yawar Fiesta

       
          -Profesor, una pregunta: ¿Qué es el Yawar Fiesta?
         -Buena pregunta. Pues es una tradición muy antigua. Se trata de colocar a un cóndor sobre el lomo de un toro, haciendo que esta ave vaya picoteando y picoteando hasta la muerte del vacuno.
         -¿Y por qué se realiza esta tradición?
         -Bueno, según los expertos y la gente oriunda de los andes, señalan que el Yawar Fiesta se practica como una especie de “venganza”, por parte de los antiguos peruanos contra la invasión de los españoles.
         Y las palabras de este profesor son ciertas, ya que desde los días del incanato, los habitantes del imperio, tuvieron que rendirse ante las armas de fuego, el uso del caballo y demás artificios que trajeron en aquellos tiempos. E incluso, como recordamos, a pesar que Atahualpa les ofreció un cuarto lleno de oro, diciendo este último que la cantidad sería hasta donde llegue su brazo levantado. Sin embargo, pudo más la ambición de los españoles y sin el menor sentimiento de culpa, asesinaron a dicho Inca.
         -Profesor, ¿entonces los españoles eran gente mala?
         -No solamente gente mala. Fueron personas que eran muy ambiciosas. Y para colmo, justificaban su crueldad, teniendo como escudo la fe católica.
         Por tanto, la festividad del Yawar Fiesta, que dicho sea de paso también es una novela escrita por el escritor peruano José María Arguedas, es como repito un acto de venganza y de revancha contra la cultura occidental. Contra los abusos inhumanos que tuvieron que soportar los antiguos peruanos, y que cada año conmemoramos a través de dicha festividad. Por tanto, aquella escena en que el cóndor picotea y picotea a un toro hasta que este último se desploma y se precipita al suelo, chorreando y brotando su sangre. Dicha tradición ha pasado de generación a generación. Sin embargo, ni siquiera con 200 Yawar Fiesta se alivia el sufrimiento que tuvieron que vivir los antiguos peruanos.
         -Profesor, pero ¿no le parece injusto que un toro de nuestros tiempos muera a causa de lo que hicieron aquella gente de España?
         -Muy buena pregunta. Es algo complicado. Y me viene a la mente la frase “Justos pagan por pecadores”. Personalmente creo que deberían anular aquella festividad. Sin embargo, incluso en dicho país europeo celebran lo que llaman “Fiesta de San Fermín”, en que una manada de toros corren por ciertas calles, y con ellos también corren muchos españoles, según señalan esa es su tradición.
         Luego de esta explicación, los alumnos digamos que no comprendieron aquella razón del Yawar Fiesta, pero al menos aprendieron la existencia de esta costumbre, y de solo pensar en que aquellos toros tenían el destino de pagar con su vida, porque los antiguos españoles, llegaron, robaron y mataron. Es un buen motivo para que cada 12 de octubre sea día de duelo, y que se cambie la palabra “conquista”, por la de “invasión”.


Juan Mujica








martes, 14 de marzo de 2017

El pañuelo de Afrodita

Valiéndose de su astucia,
y de su fino recato,
actúa siempre lucia,
sin llegar al arrebato.

La mujer inteligente,
conquista a su elegido,
con simpatía vigente,
y piropo dirigido.

En plácida velada,
prosigue su función,
se afirma congelada,
llamando la atención.

El baile melodioso,
es su arma secreta,
con enlace tan precioso,
noviazgo se decreta.

Con su mirada ilumina,
los rostros masculinos,
muy sensual camina,
luciendo los divinos.

Poniendo a su belleza,
un sensual perfume,
su contorno adereza,
por más que ella fume.

Altiva es la damisela,
con su amor pendiente,
busca a otro y cela,
con sonrisa en diente.

Frente a donosa labia,
llena de admiración,
siendo una reina sabia,
acepta declaración.

El teatro y la artimaña,
coronan su destreza,
pues vive como araña,
cazando en sutileza.


Juan Mujica

lunes, 13 de marzo de 2017

Vesanía (poema surrealista)

Una estampida de pensamientos,
que crecieron fuera de la mente,
rompieron la cadena de la cordura,
y ahora galopan fuera de la razón.

Como bestias desenfrenadas,
merodean por las murallas,
y sus rugidos penetran por mis oídos,
cual estridencia endemoniada.

Mi cerebro convulsiona y late,
las ideas luchan entre sí,
el presente se fusiona con el pasado,
y la imaginación crea sus monstruos.

El horizonte que percibo despierto,
está lleno de un vacío descomunal,
y en las noches mi otro personaje,

me persigue sobre mi eje.

Juan Mujica