sábado, 4 de mayo de 2013

Los aerolitos vivientes



Juan Mujica

En una tarde de otoño y mientras caían algunas hojas de los árboles; de repente un objeto surcó el firmamento. Dejando a su paso una hilera de humo. Nadie podía creerlo.  Se trataba de un aerolito que había venido de quién sabe dónde y que ahora se preparaba para aterrizar, y lo hizo en Perú, propiamente dicho en Markahuasi. Efectivamente, en aquel lugar donde hay rocas con formas muy similares a las reales. Ahí fue a caer el bólido. A vista y paciencia de turistas y excursionistas, detrás de toda esa humareda, de pronto el aerolito se empezó a abrir y se convirtió en un humanoide. Nadie podía creerlo. Fue entonces que empezó el murmullo, que se convirtió en habladuría. Al parecer era un extraterrestre, y todo su contorno era plateado. Incluso su dorso y todo su espaldar era de ese color. Y luego de un tanto de miramientos expresó a los presentes:

            -Gramaty sinfoly xinfory artilury

            Como podrán imaginarse nadie entendió las palabras del extraterrestre. Y luego el aerolito humanoide tocó su sien con una mano y seguía pronunciando palabras ininteligibles. Inmediatamente se puso a caminar, examinando su contexto y se extrañaba de las conformaciones de roca. Todo ello le hacía deducir que había vida inteligente en aquel planeta. Sin embargo, de repente otros aerolitos venían hacia él. Eran diez aerolitos, que cayeron a tierra e inmediatamente se volvieron humanoides. Todos ellos se parecían, aunque había diferencias de estaturas y colores. Tenían orejas puntiagudas. Además sus cabezas eran relativamente grandes, y todos plateados o de otros colores. Y en cuanto todos estuvieron humanizados empezaron a conversar:

            -Jibedy arf kimoly erf numoly artliujy zufery –dijo uno de ellos.

            -Hyboly emf weliby azcredgbu jurvcile –replicó otro.

            Mientras tanto los turistas, excursionistas y pueblerinos seguían mirándolos, y no comprendían lo que habían dicho. Fue entonces que el firmamento se puso oscuro como si ya anocheciera. Al parecer era una gigantesca nave, que parecía estar detrás de las nubes, y sin embargo, estaba a varios kilómetros de la Tierra. Y por arte de magia se materializó una máquina que tenía como un gran taladro en la parte de adelante. E inmediatamente se puso a perforar la tierra. Ante las miradas de los once aerolitos vivientes. No obstante, sin que nadie lo advirtiera apareció un ejército de gnomos –que son los guardianes de la tierra-. Y les advirtieron que dejaran en paz el terreno y que se largaran. No obstante, los aerolitos humanoides los subestimaron y se rieron de ellos. Incluso usaron su magia para ahuyentarlos, pero fue inútil. Fue entonces que aquella máquina se trabó y no pudo continuar. Revisaron con su visión X y vieron que había cierta roca que era muy dura.

            -Han chocado con la roca fantolia. Es una de las más duras del planeta –refirió uno de los gnomos.

            -Así es –exclamó otro de ellos-. No podrán continuar así quieran. No tienen la tecnología suficiente. Tendrán que irse.

            Fue entonces que los aerolitos humanoides desistieron de su búsqueda de minerales, pero prometiendo que volverían. No obstante, aún los estamos esperando y no han vuelto a aparecer. Hasta que un día o mejor dicho hace unos días aparecieron once figuras de piedra, en aquel paraje de Markahuasi. Y nadie sabe quién los moldeó, aunque eran la viva imagen de los aerolitos vivientes. Como si fueran un equipo de futbol, listos para entrar en la cancha.



           

No hay comentarios:

Publicar un comentario