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jueves, 8 de septiembre de 2016

El último reto

Desde siempre fue llamado “El Superman peruano”. Era de esas personas que aceptaba los infinitos desafíos que le imponían. Incluso desde los tiempos de colegio, cuando le decían por ejemplo: “Te la corto para la salida”, aceptaba y se agarraba a puñetazo limpio con cuanto grandulón se le presentaba. Fue así que más adelante, con ese mismo fervor, ya cuando estaba en la universidad, muchos de sus “amigos” de infancia también continuaban retándolo para que realizase cosas como: “Escribe en la pizarra una palabrota”, y él como no le temía a las posibles consecuencias ni represalias lo hacía.
Sin embargo, en tanto fue creciendo y conociendo más de la vida, se le fueron presentando más desafíos, como hacer puenting, parapente, correr motos con una sola mano, y demás peligros.
No obstante, este Superman peruano tenía un problema. Sufría de Epilepsia. Desde pequeño se le detectó esta enfermedad del sistema nervioso. Por tanto, su padre o madre, tenían que llevarlo a sus controles con los neurólogos. Quienes le hacían preguntas sobre su estado y le recetaban medicamentos. Fue así que creció arrastrando este problema. Pero eso nunca lo detuvo para continuar aceptando retos. Tanta era su bizarría, que muchos pensaban que estaba loco.
Incluso sus compañeras de la universidad le temían, ya que pensaban que podría hacerles daño. No faltaban las malas compañías que le decían: “A que no bebes esta botella de cerveza, pero seco y volteado”. Y él lo hacía. “A que no agarras esta rata muerta por la cola y te la acercas a la boca”. Y él lo hacía.
Prácticamente parecía un faquir, puesto que con el tiempo sus retos se volvían más difíciles, y a la par tenía que seguir tomando sus pastillas para controlar su furtiva enfermedad. Ya se imaginarán que era normal para él correr motos y autos a veces sin manos, y que se aventaba de las avionetas desafiando a la misma muerte. Todo era posible, todo lo podía. Parecía invencible, parecía no tener límites. Hasta que un día…porque siempre el destino es impredecible. Un día, uno de sus amigos de infancia lo retó a dejar de tomar sus pastillas.
Él en ese momento se burló del reto. Se carcajeó en la cara de su retador. Y le indicó incluso que se rectificara y que piense en algo más interesante y mortal. Sin embargo, este “amigo”, se cerró y le dijo que deje de tomar sus pastillas y así demostraría que es el Superman peruano. Fue entonces que él aceptó el reto. Incluso le entregó el frasco que contenía las grageas y le dijo que era una pérdida de tiempo. Y que mejor fuera pensando en el último reto. Algo más peligroso.
No obstante, el primer día despertó y se rió al recordar el reto que le habían impuesto. El segundo día lo mismo. Llegó el tercer día y vino a su memoria una escena de una pesadilla que había tenido aquella madrugada, pero no le dio importancia. Hasta que lo invitaron a jugar fulbito. “Una pichanguita”, le dijeron. Fue entonces que su cuerpo reaccionó…y justo luego de tres goles, su cuerpo empezó a temblar. Cayó al piso vertiginosamente y convulsionaba ante las miradas impotentes de sus “amigos”.
Inmediatamente sus padres llamaron a la ambulancia, puesto que conocían que aquello algún día podría pasar. Toda la gente de su barrio con quienes había crecido, y conocedores de su enfermedad. Luego de su preocupación, y habiéndolo llevado los paramédicos, se tranquilizaron, pero su retador, luego de un suspiro añadió:
         -Hasta que caíste Jonás. Sigues siendo el Superman peruano. Pero ya conocemos tu “kryptonita”, jeje.


Juan Mujica 

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