domingo, 1 de agosto de 2021

¿Qué pasa con el otro 90% de nuestra capacidad craneana?


De un tiempo a esta parte se había establecido, que la capacidad craneana del Homo Sapiens Sapiens, solo llegaba a utilizar el 10%. Sin embargo, la pregunta es: ¿por qué se ha anquilosado su evolución? 


Ha pasado buen tiempo desde que nuestra evolución psicomotriz, ha quedado estancada. Como si algo habría detenido la esperada continuidad de la evolución. Por tanto, nos preguntamos: ¿qué es lo que detiene que se siga desarrollando aquel 90%?


Muchos imaginamos las cosas que podríamos hacer teniendo dicho porcentaje. La telepatía, tele-transportación, la facultad de volar, viajar por el tiempo. En fin, es tanta la especulación que se tiene sobre el cerebro humano, como se tiene del tamaño del universo.


Esgrimista

miércoles, 12 de mayo de 2021

Editorial: Reflexión luego de catarsis literaria



Ha sido realmente una catarsis el haber "hilvanado" aquellos últimos 30 cuentos. Sin embargo, resultó afianzar la teoría sobre la práctica. Y claro, que dichos cuentos no se han ido al garete, sino que están guardados, como realizan otros colegas escritores.


Posiblemente seguiré posteando en este medio, pero con respecto a las historias, me tomaré un descanso. Siempre es un gusto compartir ideas, relatos, contenido de efemérides, en fin, todo hecho para nutrir las pupilas de ustedes, mis lectores.


Gracias, muchas gracias, por seguir los contenidos que posteo. Y estoy seguro que entre ustedes también hay escritores. Ya sean muy experimentados o no, pero en ocasiones se percibe, o en todo caso pertenecen a mi grupo de amistades, que también disfrutan de esta función, catarsis, desfogue, o como quieran llamarlo. Me despido con una frase de André Breton: "Retener la eternidad en el instante".


Esgrimista

lunes, 10 de mayo de 2021

Velocidad Luz (cuento)


 

Siempre fue la más rápida; toda la vida superó a todas y a todos. Incluso, se adelantó y nació a los siete meses. Su mismísima madre cuando la obstetra se la entregó en la clínica, dedujo que la neonata era algo increíble, una niña fuera de lo común.

-¿Cómo le ponemos, querido? -preguntó la nueva madre al orgulloso padre.

-¿Qué tal si le ponemos el nombre de su abuela? Luz. Es un bonito nombre. ¿Qué te parece querida? -propuso el nuevo padre a la orgullosa madre.

         No obstante, dichos padres no sospechaban la esencia y/o cualidad que estigmatizó a aquella recién nacida. Desde muy pequeña, fue muy aplicada, y les ganaba a sus compañeros de colegio en todo. Incluso desde el kindergarten, sus profesoras se admiraban y les contaban a los padres sobre los increíbles progresos de Lucecita. Sin embargo, conforme fue creciendo, un buen día un amigo de la universidad dijo:

-Lucecita, eres el orgullo de tus viejitos y del país. Propongo que desde ahora te llamemos “Velocidad Luz”.

         Ella estuvo conforme, y le gustaba cómo sonaba su nuevo sobrenombre. Y ya se imaginarán que, en los exámenes, ella terminaba primera. Ella intervenía en clase primera. Su brazo ya estaba arriba antes que sus profes terminaran de formular las preguntas. Una vez con unos amigos visitó una especie de museo tecnológico. Y lo que más le agradó fue una maqueta de la nave de Han Solo… el de “Star Wars”, e incluso pensó en voz alta y dijo: yo siempre admiré esta nave, sobre todo cuando en las pelis viajaba a velocidad luz. Así que ya saben, cuando yo me vaya de este mundo, quiero tener un mausoleo en forma de esta nave. Dicho pensamiento quedó “clavado” en los oídos de sus amigos. Sin embargo, llegado un tiempo fue la primera en casarse, puesto que había sido la primera en embarazarse. Fue la primera en conseguir empleo. Fue la primera en parir un varoncito y una mujercita. Sin embargo, como si su destino estuviera marcado, fue la primera en contagiarse de la Covid-19. Y ante la tristeza de todos, fue la primera en fallecer víctima de aquel Coronavirus. Y el lamento y las lágrimas no se hicieron esperar. Era una terrible desgracia. Y sus padres: Quelonio y Fortunata, como se imaginarán estaban devastados de la ingente tristeza. Además, a Velocidad Luz, se le cumplió su deseo y se le construyó un mausoleo en forma de la nave de Han Solo. Y dicho personaje que en la realidad es Harrison Ford, llegó dicho rumor ante sus oídos, y decidió venirse volando hasta el mausoleo que vio sorprendido que era una réplica exacta de su nave de la saga de “Star Wars”, y no solo le colocó un arreglo floral, sino que colaboró en idear un epitafio que represente que quedara estigmatizado en las memorias de sus familiares y amigos:

“A Velocidad Luz naciste. A Velocidad Luz viviste. Y a Velocidad Luz nos dejaste” (Harrison Ford).


Esgrimista

viernes, 7 de mayo de 2021

Lactómeda (cuento)

 


-¿Qué te parece esa teoría que dicen que llegará el momento en que la Vía Láctea colisionará con la galaxia Andrómeda? -pregunta la astrónoma de la NASA, llamada Minerva.

-¿Qué te puedo decir Mini?, como tú dices es una teoría -responde el astrónomo Claudio, su enamorado.

-Oye Clo, pero tampoco es que estemos a punto de chocar con Andrómeda. ¿Sabes cuánto falta para que suceda eso?

-¿Cuánto? A ver, recuérdame…

-Pues, solo falta la “minucia” de… 5860 millones de años. ¿Te imaginas? Prácticamente podría acontecer cuando ya no quede nada de nuestra Vía Láctea, ni piedra sobre piedra.

-Vaya, vaya, Clo… Ya me hiciste acordar. Aquella galaxia a la que también llaman Galaxia Espiral M31, o Messier 31, o también NGC 224 -expresa Minerva mirando el firmamento, y luego los ojos de Claudio.

-Así es Mini. Pero, lo más interesante como recordarás, es que las dos galaxias se fusionarán en cuanto choquen la una contra la otra. ¿Te imaginas?

-Claro, Clo. No puedo imaginarme cuando suceda eso. ¿Y qué podría pasar cuando las dos galaxias colisionen?

-Según las últimas investigaciones, aún no se pronostica el daño para ambas partes. Sin embargo, algunos creativos están especulando que cuando la Vía Láctea y Andrómeda choquen y se fusionen podría llamarse “Lactómeda”.

-¿Lactómeda? Suena pintoresco, pero… ¿oye, qué es eso que se ve allá?

-Vaya, vaya, pero qué sorpresa. ¡Es una estrella fugaz! Pronto, pidamos un deseo…

-¿Un deseo? ¿Crees en eso?

-¡Pídelo, que se va!

-Muy bien, muy bien…

-¿Pediste tu deseo?

-Sí, lo pedí.

         Aunque suene alucinante, los dos pidieron que el día en que chocaran las dos galaxias fuera mañana. Y dicho y hecho, al día siguiente, colisionaron nuestra Vía Láctea contra la galaxia Andrómeda. Pasando a llamarse “Lactómeda”. No obstante, los seres que habitábamos la Tierra no pudimos soportar tal colisión, por lo que no quedó nadie en pie, ni piedra sobre piedra. Y lo único que quedó sobre aquellos dos enamorados astrónomos de la NASA, fue sus constelaciones en el firmamento, es decir, las pléyades “Minerva” y “Claudio”.


Esgrimista

 

 

 

jueves, 6 de mayo de 2021

Nigromancia en Matusita (cuento)

 



-Jóvenes, el segundo piso está cerrado desde hace buen tiempo. ¿Qué no han escuchado lo que se dice de aquella parte de este lugar? -disuadía uno de los empleados que laboraba en el primer piso de la legendaria Casa Matusita.

-Sí, señor, lo hemos escuchado; pero ¿sabe qué? Aquí mis amigos y yo queremos subir y constatar que todo lo que se habla del segundo piso son solo patrañas y mentiras. ¿Comprende? -contesta Ladislao, mirando a sus tres amigos y asintiendo con la cabeza.

         Se dice que aquel mito sobre el macabro segundo piso de la Casa Matusita, está poblado por espíritus; sin embargo, algunos refutan tales afirmaciones, expresando que todo ello fue inventado, puesto que cuando nació ese mito tenebroso de aquella Casa, fue porque cerca de allí estaba la embajada de los Estados Unidos, en 1940. Y como sabemos, la Matusita se encuentra entre la Av. Wilson con la Av. España.

-Señor, queremos entrar -expresaba Tino, que era del grupo de Ladislao.

-Muy bien, muy bien, pero no me culpen si salen corriendo -respondió el mismo empleado.

-Vaya, vaya, y tanto problema. Yo no veo nada paranormal. ¿Y ustedes? -preguntó Vicente, a quien llamaban Chente.

-Sí, pues, qué decepción. Mejor vámonos -manifestó la Chata, quien era la única mujer del cuarteto.

         Al parecer no vieron nada extraño, y le dijeron al empleado que porqué tanto misterio, si no habían visto nada. No obstante, el empleado sabiendo que no era cierto lo que ellos afirmaban, los invitó a que vinieran de noche y que jugaran a la ouija. Eso les devolvió los ánimos y aceptaron la invitación. Por tanto, los cuatro regresaron al día siguiente a las 10 pm. Y muy animados, al igual que el empleado que los había convencido. El empleado colocó el tablero, y les dio las pautas del “juego”. Por tanto, mismo “Jumanji” empezaron. Los cuatro estaban muy atentos, y colocaron el triangulito sobre la ouija, y procedió el interrogatorio:

-¿Hay algún espíritu aquí presente? -preguntó Ladislao, algo nervioso y mirando el tablero.

         Al parecer no se movía ni un milímetro. Y cuando ya casi se iban desanimando. Sucedió. El triángulo se colocó en la palabra “SI”, ante el asombro de los presentes.

-Ahora yo, ahora yo -dijo Chente, con mucha expectativa al igual que los demás-. ¿Y cómo te llamas?

         Luego de varios segundos, el triángulo se movió sobre las letras, indicando la palabra “URSULA”. Los cuatro se sorprendieron.

-Es mi turno, es mi turno -dijo Tino, con mucho tino-. ¿Hay más espíritus en este segundo piso?

         Una vez más, luego de unos segundos, el triángulo se colocó sobre la palabra “SI”. Ante el asombro de ellos.

-Ahora yo, me toca -manifiesta la Chata, muy intranquila y ansiosa, por lo que iba a preguntar-. ¿A algunas de ustedes les gusta alguno de mis amigos?

         Los tres se sorprendieron sobre aquella “pregunta traviesa”, y mientras Ladislao, Tino y Chente sonreían. Esperaban la respuesta de la ouija. Al fin empezó a moverse. Se movía hacia la palabra “SI”, luego, ante la sorpresa de todos, empezó a moverse ante la palabra “NO”. Por tal, la confusión no se hizo esperar.

-¿Por qué responden si y no? -interroga la Chata, muy impaciente.

         Ante tal pregunta inesperada surgió la respuesta inesperada. Y el triangulito se movió por las letras hasta formar la palabra “SOY HERMAFRODITA”.


Esgrimista

 

 

viernes, 30 de abril de 2021

Muqui (cuento)

 


-¡Papá, papá! ¡Hemos visto al muqui!

-¿Por qué tanto escándalo, hijo? Ya les dije que esos duendes son solo mitos populares.

         No obstante, realidad o mito, las apariciones de estos personajes eran inacabables. Muchos mineros se mantenían escépticos a tales duendecillos. Pensaban que se trataba de una creencia y hasta engaño por parte de los niños. Por cierto, que dichos personajes, o al menos su creencia corresponde a los subterráneos y/o minas de los andes peruanos.  

-Bien señores, sigamos el trabajo en esta mina -dijo uno de los jefes de un grupo de mineros.

-Señor Quispe, disculpe. Pensará que es una tontería, pero mi hijo me ha contado que varias veces él y sus amigos han visto a unos personajes a quienes llaman muquis -expresó el señor Ipanaqué, quien era uno de los mineros.

-Vamos, vamos, no vas a creer en esos mitos. Son creencias de niños. Es como creer en el cuco. ¿Crees tú en el cuco?

-Claro que no señor.

-Bueno, entonces. Olvida ese asunto y sigue trabajando.

         Al parecer el señor Quispe no creía al igual que muchos mineros, en la existencia de aquellos personajes que vivían en las minas peruanas. No obstante, también se dice que los muquis se les aparece a las personas, y generalmente a los niños que no han sido bautizados.

-¿Qué tal te fue Manuel? ¿Qué te dijo tu supervisor?

-Lo que suponía, Clara. No cree en esas criaturas, y menos viniendo esos rumores por parte de los niños.

-Pero, ¿tú has visto alguno de esos muquis?

-La verdad no. Iré con Luchito a esa mina y demostrarle que no existen tales personajes.

         Fue así que el señor Manuel fue un fin de semana con su hijo y le dijo que le demostraría que tales muquis son solo producto de su imaginación. Entraron a la mina, cada uno con su antorcha, y conforme se iban adentrando el papá le iba diciendo a Luchito que “¿ves?, no hay nadie aquí”. No obstante, mismo paracaidista, algo o alguien se hacía presente. Se oyó muy al fondo de la mina como si alguien aplaudiera. Por tanto, ambos se miraron, pero el hijo apretando la mano de su papá con fuerza, sobraban las palabras para decirle que podría ser un muqui.

-Papá, es él. ¡Existe, existe!

-Tranquilo, hijo. Avancemos más y veremos si existe el tal duende.

         Fue así que Luchito, de la mano del señor Manuel se adentraron más en la mina.

-¿Qué raro, papá? Ya no se escucha nada, pero tú eres testigo que alguien aplaudió.

-¿Sabes qué hijo? Tu abuelo una vez me dijo que estas criaturas se les aparece a los niños que no han sido bautizados. Por tal, vamos donde el cura para que te bautice y se acabe el problema. Dicho y hecho, Luchito fue bautizado y ya no escuchaba al muqui. Posteriormente, volvió a hablar con el señor Quispe, su supervisor:

-Listo, señor. Mi hijo ya fue bautizado y ya no ve al Muqui.

-Qué bueno Manuel. Precisamente, ayer entré a chequear las minas y nunca me había asustado tanto. Tú hijo tenía razón. Esas criaturas existen.

-Vaya, señor Quispe. Se lo dije. ¿Y qué piensa hacer? ¿Abandonar la mina? ¿Clausurarla?

-Solo hay una solución: buscaré al cura del pueblo para que bautice a los que no tienen ese sacramento.

         No obstante, el señor Quispe fue informado de algo inesperado. El cura ya no estaba. Le dijeron que fuera a las minas, y se encontró cara a cara con los muquis. ¿Y qué pasó? Pues que aquellas criaturas, lo acorralaron, botaron su agua bendita y lo convirtieron en un muqui más. Por tal, aquella mina tuvo que ser clausurada y nunca más nadie entró ni salió de ella. ¿Y cómo sé todo eso? Pues que yo soy aquel niño Luchito… y también soy un muqui.


Esgrimista

 

jueves, 29 de abril de 2021

El billar del azar (cuento)


 

-Jorge, vamos al taco… dicen que se han renovado con una mesa, y dicen que es muy pintoresca y fuera de lo común.

-No me florees, Billy. Cuando has visto una, ya las has visto todas. Bueno, ya, vamos, pero te repito que es una pérdida de tiempo -dice Jorge todo desganado y mirando a los alrededores.

         Al entrar al local, como es lógico encontraron algunas mesas que ya estaban ocupadas. Sin embargo, Charly les salió al encuentro:

-¡Bienvenidos! Todavía hay mesas. ¿Quieren alguna de aquí, u otra por allá?

-Charly, Charly… venimos por la novedad. Por la nueva mesa.

-Ssshhh… baja la voz. Esa novedad como dices, todavía la tengo caleta. Síganme -les dice el dueño del local.

         Charly los adentra más en el local y jala una cadena, la cual hace bajar una escalera. Los dos clientes se sorprenden y el dueño los invita a subir. Una vez arriba, ven una atmósfera muy diferente. Luces de neón, algunas mesas como las normales, música alternativa, y lo esperado por todos: la nueva mesa. Hasta ese momento Jorge, siente que es pérdida de tiempo; no obstante, le pregunta al dueño:

-Charly… ¿qué tiene de especial esta mesa?

-Amigos… no se dejen engañar por sus ojos. Esta no es una mesa normal. La llamo “El billar del azar”.

-¿Y, por qué es especial?...

-Ssshhh… Ustedes solo jueguen, y descubrirán por qué es especial.

         Por tanto, Billy lo anima a Jorge a jugar, y este último acepta, pero con desgano.

-Bien, yo empiezo -dice Billy-. Acomoda las bolas con el clásico triángulo, elige su taco y “encañona” con la bola blanca.

-Es mi turno -dice Jorge, todavía desganado-. Empuñando su taco, visualiza las esferas numéricas. Busca la “utilitaria” bola blanca y “dispara”.

         Ambos ven que la bola cuatro entra en una buchaca de la esquina derecha. E inesperadamente escuchan una voz que le dice al reciente jugador de manera tenebrosa:

-Ya que tienes hambre, disfruta de este enjambre.

         En ese momento aparecen muchas abejas, que sorprenden a Jorge, y este trata de ahuyentarlas con su taco. Incluso se quita su chaqueta y con ella trata de espantarlas. Al final desaparecen, y continúa el juego. Es el turno de Billy. Se prepara y juega. Hace entrar la bola nueve en otra buchaca. Y sorpresivamente la voz vuelve a predecir su fortuna:

-Por tu voluntad impía, acabarás con licantropía.

         En ese momento, Billy se transforma poco a poco y termina como un hombre lobo. Ambos, se sorprenden, y hasta quieren dejar de jugar. Sin embargo, Charly al verlos, les propone continuar, diciendo que al final tendrán un gran premio. E incluso les dice que todo lo que les pase, al final volverán a la normalidad. Por tanto, es el turno de Jorge. Visualiza las esferas numéricas y juega. Ambos, ven moverse las bolas y sin esperar lo que les deparará el juego. Esta vez, la bola dos ingresa en una buchaca del medio, y una vez más la voz lo alerta:

-La mala suerte englobas, y terminarás con jorobas.

         Fue así que Jorge, percibe que en su espalda hay una transformación. Le crecen dos jorobas como los dromedarios, y se asusta, al igual que su amigo. Y nuevamente quieren largarse de allí. Y una vez más, Charly, los anima a seguir jugando, recordándoles que al final todo vuelve a la normalidad. Así que Billy, empuñando su taco juega una vez más. Las bolas van de un lado a otro, y al final la bola trece ingresa a la buchaca de la esquina izquierda. Por tanto, una vez más oyen la voz:

-El fuego tanto arde, pero será peor más tarde.

         En ese momento, brotaron flamas de fuego. Todo ese segundo piso ardía, y tanto Jorge como Billy, salieron corriendo para salvar sus vidas. Charly los vio salir despavoridos. Uno como jorobado y el otro como hombre lobo. No pudo evitar la carcajada. Sin embargo, ingresaron otros dos caseritos, y le dijeron a Charly:

-Venimos por la nueva mesa. Dicen que es muy especial.

-Jajaja… sí que lo es amigos… sí que lo es. Acompáñenme, es por acá. Subamos.


Esgrimista

miércoles, 28 de abril de 2021

Las ventanas del alma (cuento)

 


Como cada noche antes de dormir, leí unas cuantas páginas de uno de mis libros favoritos. Esta vez se trataba de uno de los éxitos de Saramago: “Ensayo sobre la ceguera”. Y justamente esa noche terminé de “saborear” dicha obra. Quedándome satisfecho y listo para “planchar la oreja”. Esa madrugada tuve un sueño muy extraño y hasta se puede decir escalofriante. No obstante, como suele pasar, a los pocos segundos de abrir los ojos el recuerdo del sueño se hizo humo. Así que me preparé para seguir con mi rutinaria vida. Sin embargo, luego de abrir la puerta y salir a la calle fui testigo de algo infrecuente. Algo inesperado. Cruzaban por la vereda personas invidentes, pero había varios de ellos. A quienes no había visto anteriormente cerca a mi casa. Mirando las calles, me volví a sorprender con personas que aparte de indigentes eran invidentes, los cuales estaban a los lados de las veredas, y pidiendo una ayuda caritativa monetaria. Algunos de ellos me dieron tanta pena que les colaboré con algunas monedas. Luego, en el transporte, los asientos reservados faltaban para la cantidad de gente que también era invidente. Y en algunas ocasiones por darles preferencia, ocupaban las combis todos ellos. ¿Qué había pasado? De un día para otro los cieguitos habían aumentado. Precisamente vinieron a mi mente personajes de dicha novela de Saramago: el primer ciego y el viejo de la venda negra. No obstante, me precipité a la realidad. Incluso pude ver que había cieguitos que se palpaban entre sí, como si fueran hormigas tocándose sus antenas, y como no podía faltar algunos de ellos por razones desconocidas se agarraban a trompadas. Ya se imaginarán que los puñetazos iban de un lado a otro, cortando el aire, y pocos de aquellos puñetazos daban en el blanco. Y como en todo cuento o historia tiene que haber un conflicto o sentido dramático, sucedió lo increíble. Luego de levantarme al día siguiente. Algo pasaba con mi vista. Podía ver con el ojo izquierdo, pero no veía con el derecho. La preocupación se volvió fobia, y luego pánico. No podía distinguir con el ojo implicado. Me acerqué al espejo del baño y veía con el ojo izquierdo, que en el derecho había como una cortinilla blanca. Salí corriendo a la calle, y ¡oh, sorpresa! La novela de Saramago estaba cobrando vida. Era como si un lector estuviera leyendo la obra y todos nosotros fuéramos los personajes. La ceguera se había generalizado. Los órganos vitales de todos a mi alrededor los habían perdido. Y recordé aquella frase que dice: los ojos son las ventanas del alma. Pues, al parecer sus almas se quedaron sin ventanas y más bien con cortinas blancas. La situación se volvió caótica. Además, yo estando con solo un ojo bueno me sentía afortunado, aunque suene paradójico. Volví a mi casa y me preparé para dormir. Esa noche tuve un sueño extraño, el mismísimo José Saramago me dijo: “En un mundo de ciegos, el tuerto es rey”. Al día siguiente, desperté y había perdido la visión del ojo izquierdo. La preocupación, que se había convertido en fobia, y luego en pánico. Ahora se convirtió en depresión. Ya no era rey como dijo el escritor portugués. Tanteando todos los muebles de mi casa, llegué hasta la puerta de salida. Quería saber cómo estaba la situación. Salí con mi ceguera absoluta, y la realidad se estrelló conmigo. Había quedado atrapado dentro del libro de Saramago. Y fue entonces que me topé con el viejo de la venda negra, quién me dijo: ¿No es tan divertido ni interesante desde este lado verdad… neoinvidente?


Esgrimista

lunes, 26 de abril de 2021

Leyendo el destino (cuento)


 

Durante mucho tiempo existen y existieron personas, que se dedicaron y/o que se dedican a leer el porvenir. Personas que aseguran leer el futuro de la gente. Están presentes desde hace mucho, y prometen que leen las líneas del destino.

-¿Así que Ud. puede ver mi futuro? -le pregunta un joven que casualmente pasaba por allí.

-Así es. Permíteme tu mano, por favor -exclama la mujer, vestida como gitana-. Veo que te casarás y tendrás dos hijos.

-¿Ah, sí? Todo bien. Solo un detalle. Todavía me falta la novia.

         Es así que estas señoras prometen leer el futuro. Un augurio que ellas juran sucederá tarde o temprano. Algunas de ellas se les veía en la Av. Aviación. Y pretendían leer el destino de la gente.

         En una ocasión pasó un borrachito, y una de estas señoras no dudó en abordarlo.

-¿Qué… qué pasa seño… hic? -decía aquel alcohólico, tratando de no perder el equilibrio.

-Déjame leerte el porvenir -le aseguraba una de estas señoras-. Veo que eres un hombre desdichado, y que te refugias en la bebida para olvidar tus penas.

-Jaja… no seño… hic… lo que pasa es que es mi cumple, hic..

         Nadie sabía de donde venían estas señoras, que ya estaban en edad de jubilarse.

         Fue entonces que pasaba por allí, digamos un Perico de los Palotes. Así que una de aquellas pitonisas no dudó en abordarlo.

-Señor, déjeme leerle su futuro -le decía la señora, sin sospechar quien era este señor.

-¿Ah, sí? A ver, dígame…

-Veo que Ud. va a sufrir un accidente…

-¿Ah, sí? No me diga. Solo hay un pequeño detalle. Yo veo y no hay novedad en mi monte de Venus, ni en mi monte de la luna, ni en mi llanura de Marte -expresó el señor, dejando sorprendida a la pitonisa.

         Por tanto, que por casualidades como esa, es posible que haya surgido la frase: “Entre gitanos no nos vamos a leer las manos”.


Esgrimista

domingo, 25 de abril de 2021

23 de abril: Día Internacional del Libro

 


Tratar el tema de los libros nos hace volcar la memoria hasta los tiempos del colegio. De seguro que una parte degustó de buena manera el placer por los libros. No obstante, otra parte de nosotros descubrió dicha fruición por la lectura algunos años después. De repente en la época de sus estudios superiores.

 

A los libros les debemos la perennización de la cultura. Sin embargo, para la generación de los millennials, la situación les ha caído de manera meliflua. Todo lo encuentran en el gigante del ciberespacio. Por tanto, no tienen el recuerdo de tomar los libros y sentir sus texturas e incluso sus olores. Desde los tiempos en que Gutenberg perfeccionó la imprenta, ¿quién se iba a imaginar que la importancia de los libros físicos quedaría poco a poco relegada?

 

Es muy probable que algunos de los lectores que están leyendo este artículo sean escritores, o lectores. Ya sea que hayan descubierto esta pasión por los libros a temprana edad o ya adultos, lo importante es que sigan asiduos. Y como decía el profe Jirafales: nunca abandonen los libros. Mientras tengan un libro en las manos serán gente de bien. Mientras tengan un libro en las manos serán gente de provecho (lo que seguía ya se lo saben).


Esgrimista