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martes, 10 de noviembre de 2015

Vuelven a llover ajos y cebollas

En nuestro entorno y cuando ya parecía haberse superado o mermado el problema, surge nuevamente los sapos y culebras por la pasarela de nuestra ciudad. Es como si se hubiera inoculado un virus, o que nos hubieran hipnotizado, volviéndonos más malcriados que nunca.

Recordarán aquellos tiempos en que se censuraron los programas de los cómicos ambulantes, puesto que proferían lisuras a diestra y siniestra. Sin embargo, eso pasaba por la televisión y quisiera creer que lo que pasa en nuestros días es un caso aislado. Como si creyeran que aunando o finiqutando con una lisura al chiste harían reaccionar al público.

Uno de los que puso de moda aquella táctica histriónica fue Pablo Villanueva, con el popular “¡imbecil!”, y todos lo celebrábamos, puesto que no iba más allá, pero ahora que han surgido nuevos valores, ya no se fijan en el horario de protección al menor.

Lo mismo pasa cuando nos transportamos. Los líos que se arman entre los choferes, entre los cobradores y los pasajeros, pero ahora aún más entre los pasajeros y los choferes. Y me refiero entre los pasajeros y los choferes de la otra combi. Sobre todo cuando aquellos conductores hacen unas maniobras temerarias, poniendo en riesgo la seguridad de todos y de él mismo.

Cuando hablamos en jerga o escuchamos que se habla. Esa manera de expresarse era pan de cada día, pero hasta cierto punto era divertido. Sin embargo, sin darnos cuenta estábamos perdiendo el control sobre nuestro léxico. Y de aquel argot a la lisura hay un paso como dicen.

Quisiera aprovechar para informar a mis lectores sobre el significado de la palabra “caraj…”. Pues proviene de un vocablo de los marinos. Por decir, el capitán de un barco por necesidad y quizá por castigo, le decía al marinero: “vete al carajo”. Es por ello que esta palabra no es más que la parte alta del mástil de los barcos, donde los marinos a veces se colocan para ver el horizonte o detectar tierra, como Rodrigo Bermejo.

Por último, espero que el presente comentario sea tomado en cuenta y que no se olvide, incluso yo mismo, cuando nos expresemos, hagamos un equilibrio entre el argot divertido sin pecar de la replana ofensiva. Puesto que esgrimir lisuras con la palabra, a veces es más dañino que el golpe físico.


Seamos buenos amigos del diccionario, y no me refiero solo el de significados, sino también el de los sinónimos y antónimos, el del periodismo, el de otros idiomas, e incluso el de los sueños. Todo conocimiento es válido, ya que recuerden una frase que escuché de niño: “El saber no ocupa lugar”.

Juan Mujica

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