martes, 8 de febrero de 2011

Origen y polémica de carnavales de la muerte

Juan Mujica

Dentro de mis recuerdos de infancia oscilan las imágenes de la cuadra de mi primer barrio, donde en los domingos de febrero, la gente joven y la no tan joven se divertía como le fuera más emocionante y atrevido. Sin embargo, no puedo olvidar aquella camioneta que iba de un extremo de la cuadra hacia la otra, con total libertad, y mientras sus ocupantes al igual que la gente del lugar se lanzaban tomates, agua y no sé qué más. Eso es lo que está imborrable en mi memoria de niño de 5 ó 6 años. No obstante, 30 años más tarde la situación ha tenido radicales variables.

Dos jóvenes muertas y 383 personas detenidas han sido el saldo de este primer domingo de aquella festividad irrefrenable, o que más bien se niegan a frenar. ¿Cuántas más personas tendrán que morir para que se quiten la venda de los ojos y asuman con responsabilidad la represión y eliminación de estos juegos de la muerte? Ya que no es lo mismo los carnavales en Brasil, que los que celebra la niñez y juventud de nuestro medio. Existen ciertas características de hechos, en estos últimos que han tenido que reprimirse por los excesos, la violencia y la delincuencia con que va acompañada.

Pensar en carnavales, es pensar en una especie de impunidad y una licencia para mojar a cuanto peatón está caminando tranquilamente, y al verse rodeado y/o perseguido por estas hordas de muchachos que haciendo uso de la festividad como escudo, terminan por empapar y hasta dañar a una persona con los globazos que les avientan. Por tanto, hacen bien las autoridades en fiscalizar y sancionar a tantos elementos negativos que rompen con la paz y el libre tránsito por nuestras calles.

La palabra carnaval viene del latín vulgar carne-levare, que significa “abandonar la carne”. Posteriormente surgió otra etimología que es la que actualmente se maneja en el ámbito popular: la palabra italiana carnevale, que significaba la época durante la que se podía comer.

El origen de su celebración parece probable de las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino. Las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto. Según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV.

La celebración del carnaval más grande del mundo es la de Río de Janeiro, pero muchos otros países tienen importantes celebraciones, como la que se celebra en Italia, en el Carnaval de Venecia, en Colombia con el Carnaval de Barranquilla; en España con el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y el Carnaval de Cádiz. 

Los etnólogos encuentran en el carnaval elementos supervivientes de antiguas fiestas y culturas, como la fiesta de invierno (Saturnalia), las celebraciones dionisiacas griegas y romanas (Bacanales), las fiestas andinas prehispánicas y las culturas afroamericanas. Algunos autores consideran que para la sociedad rural, fuertemente estructurada por el cristianismo, el tiempo de «carnestolendas» ofrecía mascaradas rituales de raíz pagana y un lapso de permisividad que se oponía a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la Cuaresma.

Los carnavales a realizarse los domingos 13, 20 y 27 de febrero tendrán que ser muy bien vigilados y de ser posible reprimidos y sancionados con el brazo largo de la ley. Ya que de no ser así, la muerte de aquellas jóvenes habrá sido en vano. Y recordemos que nuestro derecho termina donde empieza el derecho de los demás.

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